El aire en el pasillo del Hospital General de Medellín se sentía mucho más denso en comparación con el aire acondicionado central de la mansión de Sebastián.
Para Valentina, ese olor fuerte a antiséptico le daba una extraña sensación de calma: un recordatorio de que todavía tenía una función como ser humano, no solo como adorno al lado de un multimillonario.
Sin embargo, esa calma se vio interrumpida por la presencia de Marco, quien permanecía rígido en un rincón del pasillo, con los brazos cru