El eco de los vítores de los habitantes de San Vicente, que resonaron durante la ceremonia de colocación de la primera piedra de ayer por la noche, todavía permanecía en los oídos de Valentina.
Sin embargo, esta mañana, la realidad de esa inmensa responsabilidad ya la esperaba sobre su mesa de trabajo.
En la residencia principal de la familia Valderrama, el ambiente había cambiado radicalmente: de una celebración pública y alegre, se había convertido en un espacio íntimo dedicado a la planifi