El silencio nocturno en el hospital central de Bogotá se sentía mucho más reconfortante después de la tormenta judicial que había golpeado a Isabella en la corte esa misma mañana.
Valentina dormía profundamente, con el rostro más relajado y aún aferrada con fuerza al broche de esmeraldas que le había regalado el abuelo Valderrama: un símbolo de aceptación que en otro tiempo le había parecido algo totalmente imposible de alcanzar.
Sin embargo, en un rincón de la habitación, Sebastián era incap