El aire dentro del Quirófano 2 se sentía como cristal a punto de estallar.
El humo violáceo un gas neurotóxico diseñado por Ricardo Varga comenzaba a filtrarse a través de la puerta destrozada.
Valentina permanecía de pie detrás de la mesa de operaciones de acero, con la máscara de oxígeno firmemente ajustada en su rostro y empuñando el mango de un bisturí número 10 con la precisión de un verdugo.
La figura que entró ya no era la mujer que Valentina conocía. Isabella Varga vestía una bata tác