El sonido de las sirenas de los helicópteros se desvaneció lentamente en la distancia, reemplazado por el ruido de la llovizna que golpeaba el techo de la vieja ambulancia.
En su interior, Valentina jadeaba. El olor de las alcantarillas y las sustancias químicas aún persistía en su vestido negro, ahora destrozado.
Vale, bebe esto. Podrías entrar en shock Sofia le entregó una botella de agua mineral con las manos aún temblando intensamente. Inmediatamente cerró con llave la puerta trasera de la