Han pasado tres semanas desde que el jet privado de los Valderrama desapareció de los radares.
En una aldea de pescadores apartada en la costa del Pacífico, lejos del brillo de las luces de Medellín, Valentina Morales vuelve a sus raíces.
Ya no lleva seda esmeralda; ahora su cuerpo está envuelto en una camisa de franela apagada y unos vaqueros manchados de barro.
En esta aldea, la conocen como "la Enfermera Val". Vive en una choza de madera que huele a sal y madera podrida. Sin embargo, dentr