El tenue sol de Bogotá iluminaba el rostro de Sebastián mientras bajaba de su jet privado en Medellín. Sin embargo, sus pensamientos no estaban en la reunión de sucesión que acababa de mantener con su abuelo. Estaban puestos en la voz de Valentina en la llamada de la noche anterior: una voz que sonaba suave, casi dulce, pero que de alguna manera parecía una navaja envuelta en seda.
Al llegar a la mansión de El Poblado, Sebastián se encontró con una escena inusual. Valentina no estaba en su habi