El fuerte golpe en la puerta de madera hizo caer polvo del techo de la choza de Fabio. Los ladridos de los perros rastreados en los escalones sonaban ferozmente, arañando los postes que ya empezaban a pudrirse.
En medio de la asfixiante oscuridad, Valentina sintió como si su corazón se detuviera.
¡Traedlo dentro! ¡Rápido! susurró Valentina con una voz casi inaudible.
Mateo se movió rápido como una sombra. Tiró de la camilla baja donde yacía Miguel y lo introdujo en el estrecho espacio bajo el