Por la mañana, en la habitación principal de la mansión Valderrama, ahora hay una nueva rutina.
Ya no se trata de contratos fríos sobre papel, sino de conspiraciones susurradas entre suspiros.
Valentina se encuentra frente a un gran espejo, vistiendo un vestido de cóctel de color rojo sangre diseñado por un diseñador italiano.
El vestido le ajusta perfectamente al cuerpo, pero para ella no es más que una armadura.
Sebastián está de pie detrás de ella, ayudándola a cerrar el collar de diamant