Mundo ficciónIniciar sesiónCuando el diablo ofrece un trato, la pregunta nunca es si aceptar, sino cuánto te costará rechazarlo.
La bodega abandonada en las afueras de Madrid había sido elegida cuidadosamente. Sus paredes de ladrillo desnudo y las vigas de acero oxidado creaban una atmósfera industrial que parecía extraída de una película de gánsteres, pero Marcus Delacroix sabía que Viktor Kozlov apreciaba estos escenarios. Le daban ventaja psicológica, o al menos eso creía el ruso.
Alejandro ajustó los puños de su camisa negra mientras revisaba por tercera vez el dispositivo de grabación oculto en su reloj. A su lado, Don Ricardo mantenía la compostura que había perfeccionado durante décadas de negocios turbios, aunque sus ojos delataban la tensión que todos compartían. Samuel, apostado estratégicamente cerca de la única entrada visible, fingí







