Mundo ficciónIniciar sesiónEl trayecto desde el hospital hasta las oficinas centrales de Montes Industries fue silencioso salvo por el zumbido constante del teléfono de Don Ricardo. Camila observaba a Alejandro desde su asiento en la limusina, notando cómo cada bache en el camino lo hacía hacer mueca de dolor que trataba de ocultar, cómo sus nudillos se volvían blancos contra el bastón que los doctores habían insistido debía usar.
—No tienes que venir







