Capítulo 42.

POV Valeria

Una semana después, la mansión parecía más grande, más silenciosa y más fría. El tiempo sin Cintia pesaba sobre todos como un manto oscuro. Carla visitaba con frecuencia, siempre sonriente, siempre con palabras suaves y gestos que parecían genuinos. Yo la observaba con cuidado. Aunque su cambio se veía sincero, algo en mi instinto me decía que no debía bajar la guardia del todo. La dulzura repentina podía ser una máscara, y no pensaba olvidar lo que vi en sus ojos aquella vez en el hospital.

Pero, más allá de Carla, lo que nos consumía era la ausencia de Cintia. Teníamos a decenas de hombres buscándola, tecnología de punta, cámaras, rastreos… y aún así nada. Cada día sin noticias era un golpe en el alma su madre y en todos nosotros.

Aquella mañana entré en la cocina y encontré a Alma de pie, con los ojos enrojecidos, mirando la nada mientras el café se desbordaba en la cafetera. Me acerqué y la abracé con suavidad, como si temiera que se rompiera en mis brazos.

—Tranquila,
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