Capítulo 33.
NARRADOR.
El restaurante elegido por Valeria no era cualquiera. Estaba en una de las calles más exclusivas de la ciudad, iluminado por lámparas de hierro forjado y ventanales que dejaban ver el interior elegante, decorado con mesas de madera oscura y copas que brillaban bajo las luces cálidas. Cinthia caminaba a paso inseguro detrás de Adrián, sintiendo cómo su pecho se apretaba. En teoría, iban a encontrarse con los inversionistas mexicanos, pero al llegar, descubrieron que ninguna reservación coincidía con ese grupo. Solo estaba la mesa apartada para ellos dos, perfectamente arreglada, con un ramo de rosas rojas en el centro y dos copas de vino ya servidas.
Cynthia comprendió entonces que Valeria había jugado una de sus cartas: había armado todo para dejarlos solos.
La incomodidad fue inmediata. Ella se quedó de pie, cruzando los brazos, con la mirada clavada en cualquier punto de la sala excepto en los ojos de él. Adrián, en cambio, parecía más tranquilo, como si hubiera previsto a