CAPITULO 13.
POV Valeria
Después de un largo día, regresé a casa con la mente en los documentos, contratos y la imagen de Armando Martínez presente en mi cabeza. Ana me recibió, como de costumbre, con su cálida sonrisa y la cena lista. A veces creo que sin ella me habría rendido hace mucho.
—Te ves agotada, pequeña —me dijo mientras servía un plato caliente—. Debes tomar un descanso.
Comimos juntas, y durante la comida le compartí lo que había sucedido con los italianos, la dificultad de la negociación y, especialmente, lo que significaba enfrentar a Armando. Aunque no dije su nombre, mi voz lo revelaba.
—Ese hombre… —susurré casi para mí—. Tiene una mirada penetrante que provoca miedo. Es frío y calculador, y aun así… hay algo en él que no puedo sacar de mi mente.
Ana me miraba con interés, pero no hizo más preguntas. Tal vez intuyó que había más en mis palabras de lo que estaba dispuesta a confesar.
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A la mañana siguiente, me desperté temprano y salí a correr como suelo hacer. El aire fresco