George se encontraba en la terraza nuevamente. Le habían avisado que Lenis y la señora Seda ya no se encontraban en el restaurante. Y antes de eso, que su «ex esposo» se había ido.
La tarde estaba por caer, el fresco había llegado y el clima no dejaba que él entrase, sintiéndose a gusto allí afuera; se estaba mejor allí.
—Ten —le dijo Maximiliano, entregándole otra botella de cerveza. George había dejado la suya a medias, mientras Peter con su gente, informaban todo momento de lo que sucedía e