La cocinera Preta había subido a buscar a los niños para que bajaran a desayunar, ellos aceptaron, los mafiosos no podían llegar ahí por que ambos estaban convalecientes, se les llevaban los alimentos a su habitación
Romina ya estaba despierta, apenas había podido dormir un par de horas, el mafioso estaba ojeroso como un mapache, apenas podía soportar la ausencia de sus hijos y el no poder levantarse de la cama lo frustraba demasiado
— Cariño, he traído tu desayuno, apenas y has querido tomar a