El agua me pesa ahora más que nunca. Siento que no solo estoy cargando con mi ropa empapada, sino con cada palabra que Christopher acaba de soltar. El parricidio, el abuso a su hermana, la traición de Roth... es un alud de verdad que me está asfixiando. El lago, que hace unos minutos me parecía un refugio, ahora se siente como una tumba de cristal.
Miro a Christopher. Sigue ahí, impasible, con el agua lamiéndole el pecho, como si confesar un asesinato fuera simplemente cerrar un capítulo contab