La sala del tribunal era un espacio frío y solemne, con paredes de madera oscura y una atmósfera que pesaba sobre los hombros como una losa. Yo estaba sentada junto a Rowan, con las manos sudorosas y el corazón latiendo tan fuerte que temía que todos pudieran oírlo.
Frente a nosotros, Lysandra ocupaba su lugar con una sonrisa de suficiencia que me helaba la sangre. Vestía un traje de diseñador color marfil, y sus ojos brillaban con una malicia que no había visto en semanas.
—Señoría —dijo el ab