El motel apestaba a cigarrillo y desesperación. Había llamado a la mansión para decir que estaba resolviendo un problema personal y a preguntar por Eric. Que regresaba luego.
Lysandra había pasado la noche en vela, mirando el teléfono, esperando que Agustín confirmara que había recibido el dinero. Cincuenta mil dólares. Su último recurso. Su única salida.
A las seis de la mañana, el teléfono vibró.
Un mensaje de texto: "Gracias por el adelanto, princesa. Pero he pensado que merezco más. El sile