El viaje de regreso fue silencioso. Eric, miraba por la ventana con la mandíbula apretada, y Rowan, después de un par de intentos de conversación que murieron sin respuesta, decidió dejarle su espacio.
Los esperé en la puerta de la mansión, y en cuanto vi el auto entrar por el camino de grava, salí a recibirlos sin poder contener la ansiedad.
—¿Cómo estás? —le pregunté a Eric, apenas bajó del auto.
—Bien. —Su tono no sonaba del todo convencido—. Cansado.
—¿Quieres hablar de eso?
Eric se quedó u