Cassian
Demasiado tarde para órdenes. El lobo me golpea con el peso de una pared viva y rodamos sobre barro, raíces y furia. Le hundo el antebrazo en la garganta antes de que me cierre las mandíbulas en el cuello. Su aliento huele a sangre, pino y muchacho. Sí. Muchacho. Aunque ahora tenga encima una bestia de pesadilla, sigo viendo el eco del joven en cada movimiento.
El lobo vuelve a atacar.
Yo también.
Le hundo la rodilla en el costado, le agarro el hocico con ambas manos y lo obligo a apar