Tan pronto como pone un pie al final de la escalera, Franco escucha los pasos rápidos que se mueven en su dirección y no pasa mucho para que la figura de Skye se haga presente ante sus ojos. Aunque más baja que él, la firmeza que puede ver en su postura le deja muy claro que no tiene ningún interés en dejarse intimidar o en retroceder con facilidad. No necesita mirarla más que un par de segundos para notar su cuerpo tenso, la postura firme y el claro silencio cargado de reproche.
—Déjame pasar