Los pasos de Siena se detienen al llegar frente a la puerta de la habitación, durante un segundo que se le antoja eterno se queda pensando en cómo actuará o en que se supone que dirá ahora. Mientras sostiene el pomo de la puerta, puede sentir sus dedos temblorosos, y el corazón golpeándole con fuerza en el pecho. Aspira profundo, tratando de recomponer el aire que le falta, mientras su mano libre va hasta su rostro para secar las lágrimas que aún le nublan la vista. No quiere que Victoria la vea así, rota y aún más desbordada. Cuando se siente lista y con el valor suficiente, actúa.
—Vicky… —llama con la voz suave y cargada de culpa mientras abre la puerta de la habitación—. Amor.
Pero no obtiene respuesta.
Empujando la puerta despacio, termina de abrirla totalmente y entra. Al entrar en la habitación, la recibe el mismo orden que dejó en la mañana antes de salir y el resplandor cálido de la chimenea. No tarda mucho en encontrar a Victoria, su pequeña se encuentra sentada en los almoh