Cuando la señora Norris comienza a recorrer los pasillos de la casa, lo hace con paso presuroso, el rostro pálido y los labios apretados en una línea tensa. Cuando llega al final del pasillo de servicio, abre la puerta de la cocina de forma presurosa, al hacerlo, el contraste entre el frío del exterior y el calor de la cocina es instantáneo. El aroma dulce de las galletas recién horneadas y la risa suave de Victoria quien se encuentra sentada sobre un banquito junto a la encimera, serían la ima