Para el momento que salen del merendero, el aire frío las recibe con mucha más fuerza que cuando entraron al local. Ante la imagen sutilmente blanca que se muestra frente a ellas, Kirsteen se detiene apenas un segundo en el umbral, alzando el rostro al cielo encapotado. Pequeños copos han comenzado a caer con timidez, posándose en su abrigo oscuro y deshaciéndose casi de inmediato.
—La temperatura bajó más de lo que esperaba —comenta, frotándose las manos y buscando sus guantes en los bolsillos