En el momento que Siena entra en las instalaciones del periódico local, lo hace como una tormenta contenida que por fin encuentra una grieta por donde colarse. La puerta se abre de golpe a su paso, y el tintineo de la campanilla apenas si alcanza a anunciar su llegada antes de que su furia llene el espacio. El lugar huele a tinta fresca y papel viejo; dos escritorios alineados en paralelo se encuentran en la entrada, una mujer se encuentra atendiendo una llamada detrás de uno de ellos y se sorp