Mientras el día parece trascurrir con aparente normalidad dentro de Ravenshield, en el despacho de Alistair, el aroma a madera antigua y papel que siempre ha representado autoridad y orden que se respiran dentro de ese espacio, en ese momento se sienten mucho más aplastantes y marcados. Franco se mantiene en silencio mientras se encuentra sentado frente al escritorio de su padre, con la espalda recta y las manos entrelazadas sobre sus piernas cruzadas, sin tensión, solo expectante a la conversación que su padre le dijo que quería sostener con ella. Por su parte, Alistair permanece de pie, apoyado apenas en el borde del mueble, observándolo con una severidad que no deja lugar a su molestia y disconformidad por la tranquilidad de su hijo.
—Lo que ocurrió anoche durante el baile es totalmente inaceptable —dice finalmente, después de casi quince minutos de silencio, y el tono firme que utiliza, deja en claro que no piensa admitir réplicas—. No solo pusiste en ridículo a Kirsteen como tu p