Una vez que termina de repartir los últimos papeles, Tommy deja las cajas sobre la barra del bar y da un par de palmadas en el aire para llamar la atención de todos. Moviéndose con soltura entre las mesas, esquiva las piernas, jarras y los abrigos colgados en los respaldos de las sillas. Cuando se asegura de tener la atención de todos, y que nadie está por fuera del local, se detiene al centro del pub y, sin pedir permiso, sube a una de las sillas cercanas.
—¡Ey, ey! —alza la voz.
La música baj