El reloj de la estancia comienza a sanar avisando a todos los habitantes de la casa que acaban de dar las cinco de la tarde. En el jardín, la luz dorada y cálida de la tarde tiñe las hojas que forman un manto en tonos naranjas y ocres. El aire huele a tierra húmeda y a flores silvestres.
En una zona apartada del porche, Siena corre hacia el árbol que sirve como “casa” para juego, pero aún cuando lo intenta con todas sus fuerzas, no logra llegar antes de que Victoria toque primero.
—¡Gané! —e