Siena fuerza una sonrisa mientras termina su explicación improvisada, sintiendo cómo un sudor frío le recorre la espalda. Franco la observa y su ceño se frunce levemente, ese gesto sutil que hace cuando sabe que algo no está del todo bien, cuando está a punto de preguntar más. Ian, a su lado, mantiene una postura rígida, como si temiera que cualquier movimiento en falso pudiera delatarlo.
Durante unos segundos, nadie dice nada más.
El viento se cuela entre las hojas con un susurro leve, demasiado leve para disimular la tensión que se forma entre los tres.
Finalmente, Franco ladea un poco la cabeza. Antes de que pueda hablar, Ian se le adelanta.
—Fue solo un malentendido, señor. Nada grave.
Franco fija sus ojos en él.
Y Siena siente que Ian acaba de decir exactamente lo contrario a lo que quería transmitir.
—¿Un malentendido? —repite Franco, entrecerrando los ojos.
Qué fantástica elección de palabras, piensa Siena derrotada. Ahora sí que está jodida.
Pero ninguno dice nada. Un sonido