Victoria continúa jugando, aunque ahora ha cambiado el columpio por la montaña de barandas que escala con determinación, concentrada como si se tratara de una misión importante. Siena sigue cada uno de sus pasos con la mirada, pero ya no está completamente absorta en ello. Su atención se divide entre su hija y la conversación que mantiene con Sara, esta última la observa con un interés y diversión que no intenta ocultar.
—Y eso es todo —dice Siena finalmente, dejando escapar un ligero suspiro