Cuando Alistair entra en el vivero, puede notar como este se encuentra en silencio, pero no se trata de uno asfixiante o vacío, sino uno lleno de pequeños sonidos que pasan desapercibidos si no se presta la atención necesaria: el roce de las ramas ahora casi secas al rozar con la cúpula, el leve crujido de la grava bajo sus pasos, el sutil roce de unas tijeras de podar abriéndose paso entre los tallos marchitos de los rosales al llegar cerca de las mesas que se encuentran al fondo del vivero, pu
Liseth Torrealba
Bienvenidos a los capítulos finales de esta historia.