Franco corta la llamada con su padre poco antes de volver a entrar en el bar. La pantalla de su teléfono se apaga pocos segundos después, pero la atención que se ha instalado en él no se paga tan fácil. Su mandíbula permanece rígida, los hombros tensos bajo la chaqueta, y el eco de las últimas palabras dichas por su progenitor aún retumba en su cabeza.
《 Tu tío arregló una cena de compromiso. Tendrás que venir a casa este fin de semana.》
Esa simple oración es más que suficiente para arruinar el