Cuando Maltus cierra la puerta de la oficina tras de él, Eleanor no aparta la mirada de la recién llegada, y contrario a todos los demás, ella no muestra ni un ápice de respeto por su presencia. El aire dentro de la habitación no tarda en tornarse pesado, cargado de una rivalidad que no necesita presentación para ninguna de las ocupantes pues ya las ha acompañado por demasiados años.
Sentada tras su escritorio, Eleanor apoya los codos sobre la superficie y tamborilea sus dedos sobre la madera,