El humo negro del sótano se enroscaba alrededor de las velas, y las cartas negras en las manos de Malachar mostraban imágenes de abismos sin fondo, almas sumergidas en oscuridad y deseos rotos. Kael sentía su alma más firme que nunca, pero el vacío de la pieza perdida seguía ahí, un recordatorio silencioso del precio de su búsqueda. Lyra seguía siendo su faro, su razón de enfrentar cada círculo en este juego infernal.
—La decimotercera mano nos llevará al octavo círculo —anunció Malachar, sus o