El aire en Nuuk, Groenlandia, no era el mismo que Elena había respirado durante su agonía. Ahora, para Adrián, el aire olía a redención. Habían pasado dos años desde que la Firma Montenegro fuera disuelta y transformada en la Fundación Elena Valeriano. El mundo de opulencia, traición y sangre que Adrián habitó una vez parecía ahora una vida ajena, una película de la que él solo recordaba los momentos de dolor para no volver a repetirlos.
Adrián caminaba por el pasillo del nuevo Centro de Cuidad