El matrimonio con Julian Blake fue un trato cerrado en una tarde gris, en la oficina de un abogado en el centro de la ciudad. Lo conocí a través de un contacto en línea, un hombre misterioso que se hacía llamar “El intermediario” y que dijo que Julian necesitaba una esposa por tres años para calmar la presión de su familia. Yo, por mi parte, necesitaba dinero para la matrícula de posgrado en psicología y para los gastos médicos de mi madre, que ya luchaba contra el tumor desde entonces. El día