Dos días después del enfrentamiento, la mansión Cruz se vistió de verdadera alegría. Las flores blancas y moradas colgaban de los techos, los manteles de seda azul cubrían las mesas, y el jardín estaba adornado con faroles que brillaban a la espera de la noche. Ana seguía en el hospital, estable pero aún recuperándose, y Roberto la acompañaba día y noche. Lila había perdonado a Ana: sabía que su traición había sido por miedo, y la tía que la había abrazado en la mansión de los Reyes era la verd