El día siguiente, Elena se despertó con el corazón latiéndole de golpe. El mensaje de Adrián estaba aún en su teléfono: “Te veo mañana a las tres en el café ‘El Jardín Secreto’. No te faltes. A.C.” No había dormido nada —había pasado la noche pensando en lo que iba a decirle, en cómo lo iba a decir, en qué pasaría después.
Sofía entró en su habitación con un tazón de té y una tostada.
—Hola, hermana somnolienta —dijo, colocando las cosas en la mesita de noche.— Te veo peor que ayer. ¿Segura qu