Dos semanas habían pasado desde la batalla en la fortaleza costera. Los guardianes ancestrales habían aceptado la oferta de la alianza y se estaban estableciendo en un territorio cercano a la costa, en tierras que la Manada del Océano Profundo había cedido para ellos.
En la fortaleza del Alba Rojo, se preparaba una gran reunión para oficializar la alianza entre todos los pueblos. Las calles estaban decoradas con flores y banderas de colores, y la mujer mayor de la cocina había estado trabajando