Alan la miró directamente a los ojos, habló con seguridad.
—¿Por qué la atacas a ella si yo también soy culpable? —dijo con voz grave, pero calmada—. Yo permití que esto sucediera. Yo lo decidí. Yo me enamoré de ella. —Hizo una pausa mirando a todos—. Te recuerdo que fuiste tú quien comenzó a enviarla hacia mí, quien decidió que ella cubriera tus responsabilidades, tus ausencias. Pero no me voy a justificar con eso. No voy a decir que fue por tu abandono, por tu falta de interés, o por poner s