—Siempre ha pensado que tiene la autoridad moral para insultar, para pisotear a quienes no encajan en su idea de lo que está bien, pero le voy a decir una cosa —se acercó un poco más, habló con frialdad —: La única razón por la que se atreve a tratarla así es porque sabe que no tiene el valor para enfrentar sus propios errores. Así que, antes de seguir atacando a su hija, mírese al espejo y pregúntese por qué jamás ha sido capaz de comprenderla. Lo que más me molesta es que nunca ha entendido