—Gracias por esperar —le dijo Sofía a Raymond luego de ella haberle pedido permiso para irse a cambiar. No era tan tonta como para no darse cuenta de las miradas que él le confirió nada más acercarse.
Raymond se levantó en cortesía del mueble donde se acomodó para esperarla. Luego, volvió a sentarse cuando ella lo hizo en el sillón de tres plazas.
—Ok, Raymond, cuéntame, ¿qué está pasando? ¿Qué haces en San Juan?
—No está pasando nada, Sofía. Sé que puede parecerte extraño que viaje de nuevo ac