La mujer no pudo moverse, en su cabeza solo se formulaba una pregunta: ¿cómo es posible que esté aquí?
Leonel se acercó a ella. Cuando la tuvo lo suficientemente cerca, colocó sus manos sobre sus delicados hombros cubiertos por la tela rosa. Rodó sus varoniles palmas un poco más abajo, rodeando sus brazos, apretando un poco, mirándola a la cara mientras lo hacía, contemplando una vez más la belleza en el rostro de Sofía, controlándose, calmando a sí mismo ese fuego en sus manos y esa violencia