Los pasos de Sofía se camuflaban con el espesor de la grama, pero era sumamente temprano, aún no eran las 06:00 de la mañana y el silencio lograba que hasta una mosca fuese escuchada, por lo que debía tener sumo cuidado.
Dudosa, nerviosa, pero también desesperada, la joven mujer divisó la camioneta de color negro, muy parecida a la misma que la dejó allí la noche anterior, detenida en la esquina en la que esperó verla.
Exhaló una sola vez y se colocó frente a la puerta del copiloto. Apenas podí