—Alexander se inclina hacia ella y le abre la puerta. —¡Bájate!
—¡No me dejarás aquí! ¿Qué te pasa? Te estoy dando una buena solución. Eres un estúpido, y si pierdes la oportunidad...
—¡Bájate! —ordena con arrogancia, y ella, muy enojada, baja.
—¡Bien, quieres guerra conmigo, entonces así será! Veremos si tras las rejas puedes ayudar a tu hermano, maldito bastardo —la agente saca su móvil para llamar a su compañero.
—Si tú quieres una guerra conmigo, eso es más que perfecto —arranca y se