Horas más tarde, envuelta en un chal, Agatha admiró la vista con una copa de vino en la mano mientras su amante gritaba atronador a cualquiera que se atreviera a confrontarlo por teléfono.
Tenía la impresión de estar en una especie de abismo gigante, sentía que su destino ya no le pertenecía.
- ¿Agatha?
Cuando sus manos presionaron sus hombros, saltó abruptamente.
- ¿Te asusté?
Ella se volvió, con la insinuación de una sonrisa forzada. Aún tan impenetrable, cargado de secretos, le tomó la barbi