Capítulo 19: El silencio que mata más que los latigazos.
Día 73
Ela despertó antes de la sirena, otra vez. Ya era costumbre, más aún desde los latigazos.
La espalda le ardía como si el cuero siguiera clavado en la piel. No se miró al espejo; no lo necesitaba. Las marcas estaban ahí, grabadas en la memoria.
A las 04:30, formación.
Klaus la recorrió con la mirada: los puntos saltados, la sangre seca pegada a la camiseta. No dijo nada. Como siempre.
El sargento Ramírez leyó las tareas del día:
—Recluta Velasco: limpieza de alcantarillado, sector 4. Sola