El salón Imperial del Hotel St. Regis se había transformado en un escenario de elegancia calculada donde cada detalle susurraba poder y dinero. Las lámparas de araña proyectaban una luz dorada sobre las mesas vestidas con manteles de lino blanco, mientras los meseros circulaban con bandejas de plata cargadas de canapés y copas de champán Veuve Clicquot. El murmullo de conversaciones en varios idiomas creaba una sinfonía corporativa que Valeria conocía demasiado bien.
Se había vestido para la oc