La luz del amanecer atravesaba las ventanas del departamento de Valeria como cuchillos de cristal, cortando las sombras que la habían acompañado durante una noche sin sueño. El café en su taza se había enfriado hacía horas, olvidado junto a la carpeta manila que Alonso le había entregado la noche anterior. Documentos financieros, contratos de fusión, números que bailaban ante sus ojos cansados sin revelar sus secretos.El teléfono vibró contra la mesa de cristal, rompiendo el silencio tenso del amanecer. Un número desconocido parpadeaba en la pantalla. Valeria lo ignoró la primera vez, como hacía con todo lo que amenazaba con perturbar el frágil equilibrio que había construido. Pero el teléfono volvió a sonar, insistente, como si quien llamaba supiera exactamente que ella estaba despierta, mirando la pantalla, decidiendo.A la tercera llamada, contestó.—¿Sí?La voz que emergió del otro lado era femenina, cultivada, con un dejo de autoridad que solo otorgaban años de pertenecer a círc
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